El 2017 empezó, como desde hace ya algunos años se ha hecho costumbre, con proyectos nuevos, mucha confusión, ilusión de aprender y trabajo. Y terminó, como también ya se ha hecho costumbre, completamente distinto; y más allá, muy, pero muy alejado de lo que alguna vez pude imaginar que sería, ya no mi año, mi vida.

 

El primero de enero nos recibió la partida de mi padrino… aún no he podido hacerle justicia a ese gran hombre que siempre, siempre creyó en mí, sin importar lo disparatada que fuera mi aventura en el momento, o mis elecciones. Espero pronto poder sacar con letras lo que ese hombre significó para mí.

 

Venía de un año en donde pisé un escenario que no había pisado en 16 años, donde fui recibida con mucho amor por el público y donde, ese mismo día, nos despedimos de nuestra amada perrola, Luca.

 

Recién desempacada en Ciudad Monstruo, en enero estuve cuidando a mi hermano que se recuperaba de una cirugía donde le retiraron la placa que le pusieran hace 4 años tras su fractura. Hicimos de ello una aventura, así que nos dedicamos a jugar The Legend of Zelda, sin Game Genie, tratando de llegar al final con suficientes corazones. También vimos programas y series, jugamos sin parar y eso hizo la recuperación más llevadera. Dentro de esa aventura también preparé el peor arroz que he hecho jamás, pero me quedo tranquila de que todas las circunstancias no me permitieron que quedara como yo quería y después de eso preparé muy buenos arroces; es decir, no fui yo.

 

Después de las vacaciones médicas, volvimos a la vida cotidiana y entré de lleno con el primer proyecto donde yo sería la única animadora (de stop motion) para un canal español que solicitó nuestros servicios. Hicimos un primer intento que ni siquiera llegó al final, replanteamos las marionetas y lo intentamos de nuevo, aunque sin poder elegir los materiales adecuados, pero logramos adaptarnos con lo que teníamos. Aunque no era un excelente cliente, para mí fue la oportunidad de vivir una experiencia de trabajo en equipo, de ensayo y error, de aprendizaje.

 

Me acompañó una muy mala experiencia en el camino, con la cual tomé la decisión de refugiarme en mi amada Cuernavaca, esa de la que tanto he escrito, hablado y cantado, y ahí pude sanar mis heridas como en l’historia della tigre, donde el soldado es curado por una tigresa en una cueva, quien le lame las heridas. Y seguimos sanando, recuperando todo aquello que fuera perturbado en un inicio… suficientemente fuerte y, ya no estoy sola.

 

Pero fue ahí, en esas vacaciones merecidas y obligadas, a mis 32 años, que aprendí a nadar. Después de todas las malas experiencias con las clases de natación y los traumas que fueron acompañándolas, pude ir superando las sensaciones hasta lograr nadar por debajo del agua. Considerando que no podía pisar el mar sin una llantita y en la alberca sólo me quedaba donde podía pisar, creo que mis avances fueron espectaculares. Con alguien a mi lado con la suficiente paciencia para ayudarme, entendí que está bien que el agua entre un poco a tu nariz, pero que de ahí no pasa; entendí que el agua es uno de los mejores lugares para estar. Y es que el agua ha sido mi compañera, me cuida, me cura, me limpia, me acompaña, me sana… Al nadar, el agua se convierte en un refugio para el alma, donde el silencio es casi absoluto y puedes escuchar el latir de tu corazón.

 

Pero fueron unas vacaciones en donde sucedieron cosas y removieron decisiones que había tomado anteriormente a nivel emocional. Me di cuenta de lo que tenía, que no era suficiente, que yo era un gran pez dentro de un pequeño estanque y que ahí, justo ahí, no iba a poder crecer más. En lo laboral, los retos fueron creciendo pero la compensación económica no alcanzaba para cubrir el desgaste que requería. No sólo no ganaba dinero, terminaba poniendo dinero. Pude hacer algunos ajustes pero, al final, la desesperación iba creciendo. Siempre con grandes proyectos en puerta, de los cuales no vi realizarse ninguno, excepto en los dos que participé. Vino el curso de verano en donde las cosas se desestabilizaron gravemente, hasta que cada fragmento de la realidad cotidiana dejó de tener sentido, dejó de ser lo que era y reveló su verdadera cara. Venían cambios fuertes y, aunque lo presentía, no tenía idea de cómo sería que llegarían.

 

Llegó un refugio en el canto, con el tiempo perfecto y necesario para permitirme invitar a mis hermanos a formar parte de la experiencia. Juntos navegamos las aguas corales hasta llegar a nuestra primera presentación, y es que en todos los años que llevamos de conocernos, nunca habíamos estado juntos en un coro, cantando, por lo que la experiencia se convirtió en algo mucho más profundo. Estábamos también en el preámbulo del viaje a Argentina, tan esperado y anhelado. De cumpleaños recibí una maleta. Buscando la mejor forma de viajar, la más barata, logré comprar unos boletos de avión muy económicos, sujetos a cupo. Vinieron chats con los anfitriones, muchas dudas, tratar de ahorrar, recortar gastos, encontrar otros trabajos. Mi primer viaje venía en camino y yo no me sentía lista.

 

Un buen fin de semana, volví a sanarme con la tigresa guayabita. Fueron días de reflexión, de poner todo en perspectiva y de ver el final de la última temporada de Game of Thrones. Aún estaba a lado de quien fuera mi compañero durante tres años, pero… las cosas ya no estaban bien.

 

Regresando a Ciudad Monstruo, en un auto lleno de perfectos desconocidos que confiábamos los unos en los otros, mi celular vibró en mi mano con un mensaje que contenía tan sólo la imagen de un beso con un corazón brotando de sus labios. El mensaje provenía de un hombre a quien nunca había visto en persona, pero a quien conocía desde hacía ya bastante tiempo. Habíamos sostenido un par de charlas muy profundas, pero nunca, conscientemente, nos vimos en vivo. Claro que después descubrimos todas y cada una de las ocasiones en donde estuvimos en la misma habitación, el mismo parque, con los mismos amigos… Vamos, su mejor amigo había sido mi mejor amigo años atrás, pasé por enfrente de su casa millones de veces, pero por cuestiones del destino, hasta ese momento, nunca nos habíamos tenido de frente.

Nuestra conversación inició aquel día y *SPOILER ALERT* no hemos parado de hablar desde ese momento. Teníamos tanto en común, habíamos hablado tanto antes… y sólo necesitamos un pretexto, un poco de contexto y la charla fluyó. Una charla como aquella que se da entre dos personas que se conocen desde hace mucho tiempo, que no paran de hablar. Así que sí, un beso coqueto con un corazón, a las 9 de la mañana de un lunes, mientras venía de Cuernavaca a Ciudad Monstruo, esperando llegar antes de las 11 a la oficina para poder abrirle a los chicos de servicio social. Y sí, yo era una persona con chicos de servicio social a su cargo, que hacía conteos de horas y firmaba las cartas mensuales; que tenía a su consentida, a quien también le exigía más. Era una persona con un gafete de entrada a los Estudios Churubusco que estaba siempre antes del medio día para revisar el trabajo hecho, aprobar contenidos para redes, hacer los planes semanales, realizar cobros y pagos, hacer guiones para las clases de animación, supervisar prácticas, dar clases, practicar animación… en fin, todologa como siempre.

 

Llevaba tres años en aquella relación que tenía la puerta abierta y ahí se coló ese beso, al cual respondí con un: “Hola!”

 

Comenzamos hablando de puppets, ambos titiriteros. ¿Quién hubiera dicho? Yo sabía que él era actor y director, con semejante padre, casi no quedaba de otra. Sabía que hacía cine, que daba clases, que cantaba; no paraba de pensar en aquella vez, cuando trabajaba en el inframundo, que no pude salir a ver su presentación porque mi jefe no pudo darme mi hora de comida en ese momento. Sabía que estaba dentro del movimiento Steampunk, conocía algunos aspectos de su vida pero, seguía siendo un misterio. Hablamos de nuestras experiencias, del teatro, del arte, de nosotros, de todo.

 

Llegué a la oficina mucho antes de la hora necesaria, así que paré a desayunar unos tacos de canasta. La plática fluyó como si nos conociéramos de toda la vida, y a la vez, nos descubriéramos ansiosos, con alegría, expectantes de ver lo que hay detrás de la cortina. Aunque estaba trabajando, lo cierto es que no pude detener la conversación, frente a la computadora, sonriendo con sus mensajes. Cuando debía levantarme de mi escritorio, el celular se iba pegado a mí. Así pasamos todo el día hasta que llegó la hora de dormir, a la mañana siguiente, temerosa, mandé el primer mensaje sin saber si lo que estaba pasando era parte de mi imaginación. La respuesta fue inmediata y continuamos hablando. Preguntas, el día a día, la compañía en los momentos tediosos y álgidos. Ahí estábamos, el uno para el otro, 24 horas al día.

 

La semana fue avanzando y sentí la necesidad de verlo en persona, de constatar lo que estaba sintiendo y mi primer acercamiento fue invitarlo a salir, a tomar un café, a conocernos en persona. Uno de mis mejores amigos había seguido la situación de cerca y me envalentonó para ser yo la que le pidiera vernos y, después de un breve silencio informático, accedió nervioso, esperando mi propuesta. Quedamos de vernos el sábado pero pasamos el viernes entero hablado. La noche, que transcurrió en una velada de juegos con mis hermanos, se convirtió en día y a eso de las 8 de la mañana, decidimos vernos, simplemente vernos. Cada quien tomó un baño y él se encaminó hacia mi casa, sin crédito en el celular y poca batería. Al cumplirse el tiempo presupuestado, marqué a su número pero no obtuve respuesta. En mi mente, todas las posibilidades de que me hubiera imaginado todo, corrían a mil por hora mientras otra parte de mí, confiaba en que en cualquier momento aparecería su larga cabellera. El tiempo se hizo eterno, la ansiedad crecía, pero redacté una nota que le avisaba a mi madre que saldría. Me alejé de la ventana, casi resignada, cuando algo me hizo volver y de pronto ahí estaba, así como lo imaginaba, mucho más alto, con su cabello largo y suelto… Hermoso.

 

Dejé la nota sobre la mesa, tomé mi bolso preparado para el frío del Ajusco y salí del edificio, pero no lo veía. No estaba segura de hacia dónde había caminado así que marqué de nuevo pero la llamada no entró. Y de pronto, sonó una llamada por cobrar donde me decía que estaba en la entrada, en la otra entrada de la escuela que se apodera de la zona. Caminamos el uno hacia el otro y, cuando nos encontramos, nos abrazamos inmediatamente. Pude sentir en él mucha luz, mucha energía, mucha paz, pero también mucho dolor. Pude ver lo que pasaba por su mente, en ese y otros momentos; pude sentir a su padre, mezclado como en una especie de plastilina cósmica/energética. Y su olor… es el olor de mi padre. —Hueles a mi papá. Me contestó —Es de mi papá. Tras de un largo y, a la vez, breve silencio, nos miramos a los ojos, suspiramos, me tomó de la cara con sus grandes manos y tiernamente me dijo —¿Quieres ser mi novia?. A lo cual yo contesté inmediatamente que sí. Y emprendimos el vuelo de lo que ahora somos, nuestra vida cotidiana, nuestro ser.

 

Con ello también llegó la decisión de terminar aquella relación en la que me encontraba antes, siguiendo las reglas establecidas en un inicio, y dando comienzo a la magia que somos ahora. Pero no fue fácil, el tiempo puede hacer que las cosas se compliquen. Tuve que ir cerrando ciclos, por mejorar, por salud emocional o simplemente porque era necesario.

 

El mayor reto vino cuando llegó el tan esperado viaje a Argentina, tan sólo dos semanas después de empezar nuestra relación. Fue una enorme prueba que superamos de la mejor manera posible y que nos ayudó a ser tan fuertes como somos ahora.

 

Argentina es otro tema, un tema del cual no he podido escribir aún. Y es que, fue la primera vez que me subí a un avión, la primera vez que visité otro país y, por consiguiente, la primera vez que me presenté en un escenario extranjero (o muchos). Entendí que no existen fronteras, las creamos nosotros con nuestros miedos. Conocí a gente increíble, gente entregada y dedicada a la música infantil, unidos todos por ese objetivo en común: los niños, los pibes, las crianças. Fue descubrirme capitalina en cualquier capital, subirme al tren y al subte, sin guías de por medio. Perdernos en Buenos Aires, encontrarnos. Fue todo y a la vez no encuentro las palabras para hablar de tanto que viví.

 

Y sobreviví, sobrevivimos. Volví a México con la convicción de pasar el resto de mis días a lado de este maravilloso hombre.

 

Hemos tenido dificultades, como cualquier pareja, pero nunca nada que no se haya podido solucionar. Hablamos, hablamos mucho. Nuestros días están llenos de todo. Nos envuelve el arte, el arte es nuestra vida y nos cobija, nos empuja a crecer. En ya cuatro meses hemos hecho tantas cosas.

 

Sobrevivimos a dos terremotos.

 

Aquí estamos, sanándonos día a día, conociendo todo aquello que nos enferma y alejándolo, como podemos, de nuestras vidas. Mi familia creció, me recibieron con los brazos abiertos y llenos de amor, y mascotas. Tengo un espacio de libertad y amor absolutos, donde puedo ser yo, tal cual como soy. Vivimos en un espacio donde nuestros defectos y cicatrices, nuestras ocurrencias y equivocaciones, nuestras imperfecciones y hallazgos, nuestro ingenio y dedicación, nos permiten sanar, crecer, ser. Entendemos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

 

Este año que acabó pude, por primera vez en la vida, terminar dos videojuegos: The Legend of Zelda y A Link to the Past. Y comencé este año con el reto de Final Fantasy XIII, mismo que terminé hace un par de días. Bueno, sí y no, porque me ceñí a las misiones principales y vencí al Huérfano, llegando a la pantalla hermosa que dice FIN, con lágrimas en los ojos, pero las misiones pequeñas aún están en proceso.

 

2017 fue un año de cambios muy fuertes, donde pude conocer a gente extraña, increíble, de luz, de no tanta luz. En los cuatro meses que llevo a lado de este hombre hemos pasado por tantas cosas. Desperté, aprendí a ver con nuevos ojos el mundo que me rodea. También pude aprender cosas increíbles acerca del cine y estamos haciendo el guión de nuestra primera película, juntos.

 

Aprendí que no tenemos por qué aguantarnos cuando tenemos depresión, que hay formas de salir. Me permito decirlo ahora, no como una cátedra ni un “lo que tú deberías de hacer”, sino como un consejo de dos personas que tienen depresión. El estrés postraumático de los terremotos nos dejó a muchos desarmados, aunado a lo que ya cada quién traía desde antes. Yo no pude salir de casa en casi un mes… Pero salí a festejar la vida de mi hermano y a vivir la vida y la experiencia de no saber si entrar en pánico o emocionarme cuando aterrizó el avión, ambas veces.

 

Pude vivir mucho en este año que terminó, estoy plena y absolutamente agradecida con la vida por haberme guiado hasta donde estoy. Supe ver las señales, las seguí y llegué a un lugar hermoso. Cerramos el año con noticias de salud en la familia y empezamos este con toda la intención de partirle su madre y mostrarle de qué estamos hechos. Orgullosa de lo que somos, de lo que hemos hecho y de lo que podemos hacer; orgullosa de mis errores y aprendizajes. Cerramos el año con música, vino y buena charla; dando consejos a unos jóvenes que aparecieron en nuestra puerta; en familia y llena de amor.

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Llevo varias semanas, si no es que meses, tratando de sentarme a escribir algo para compartir aquí, pero los temas son tantos y tan variados que cuando comienzo con un tema, me distraigo con el otro y no logro terminar ninguno de ellos.

 

Todos son temas densos, de los que tengo mucho que opinar, de los que todos tenemos algo que decir, ganas de alzar la voz y bueno, cuando me sienta más preparada, lo haré.

 

Así que por ahora, quiero abordar un tema más… ligero quizá, que es el nuevo disco de Café Tacvba: Jei Beibi.

 

Por diversas razones, motivos y circunstancias, el 5 de mayo me fue imposible escuchar el disco y el tiempo fue sucediendo hasta que ayer, finalmente, pude dedicarle los poco más de 51 minutos que requiere esta empresa.

 

Como la adorable obsesiva que soy, decidí ir haciendo mi reseña en tiempo real, con uno de mis mejores amigos que, además de todo, comparte conmigo el amor por Café Tacvba. He aquí el resultado:

 

1-2-3 trae un sonido nuevo para ellos, creo que nunca lo habían explorado. Es ochentoso pero moderno, como entre Pharrell Williams y Jamiroquai. En cuanto a la letra, con ellos siempre me pasa que me tardo un rato en encontrar de qué va la canción y hasta la segunda o tercera vuelta es que logro comprenderla. Es un contenido fuerte, necesario. Me gustó.

 

Matando es rara, explora un lado vocal de Rubén mucho más maduro, uno que antes no escuchábamos y al que quizá no estamos tan acostumbrados. Siento que esta conserva una esencia más tacvbosa, con madurez diría yo. Es de esas rolas que probablemente no se vuelva hit, pero que no es mala. Algo en su sonido tiene un guiño a Cerati, eso me gustó.

 

Automático no me gustó. Siento que es una de esas rolas que se fueron quedando de otros discos y quisieron ir evolucionándola pero siempre se quedaba fuera. Me da la impresión de tener como varias capas de intentos de sonidos que nomás no funcionaron.

 

Enamorada tiene un bajeo interesante, me gusta la idea de que sea cantada desde una perspectiva femenina. Es muy del estilo de lo que podíamos escuchar en los buenos tiempos del Vive Latino. Me parece que es un sonido del tipo Panteón Rococó meets Café Tacvba. Es extraño porque es un sonido nada nuevo, pero para ellos sí, pues no es el tipo de cosas que hacían antes. Una cosa admirable de Café Tacvba, que siempre ha explorado sonidos de todo tipo.

 

Fvtvro fue sencillo, con ella empezamos el año y me parece una rola extremadamente rara pero chingona. Tiene ese sonido tan de ellos, como muy chilanga.

 

Resolana de luna suena como otra rola de tiempos Vive Latino. Tiene un sonido entre Jumbo y La Gusana Ciega pero atacvbado. No me llegó, a pesar de estar tan cerca de cosas que en su momento me llegaron, me pareció una rola más del montón.

 

El mundo en que nací sí me latió, pero nuevamente no es para nada el sonido Tacvbo. Me da como entre Jorge Drexler y Kevin Johansen; bonita, pegadora, de esas que todos van a dedicar. Pero siento que es una emotividad inevitable de papá escribiéndole a sus bebé, como les pasa a todos, que es un sentimiento universal, pero que al hacerlo canción se vuelve muy de esa persona y no de todos. Igual me latió.

 

Aquí me detengo para hacer una reflexión con respecto al sonido Tacvbo, pues sí, la banda ha seguido evolucionando con los años y es un grupo del cual se agradece su exploración, pero siempre han tenido un algo que hace que digas “ah, claro, esa rola es de los tacvbos” y en este caso, siento que este es el disco que menos suena a ellos.

 

Me gusta tu manera es un reggaetón irónico. Por una parte me da un poco de reserva que quizá pueda perderse su ironía y acabar siendo algo que no era, aunque tal vez eso no sea del todo malo. Es rara, tiene un no sé qué. Me pareció divertida, para cotorrear en la fiesta, como para bailar cachondamente con la persona que te gusta pero en esa esencia irónica propia de la rola.

 

Vaivén es quizá la que más se acerca al sonido de El objeto antes llamado disco. Igual explora una madurez vocal de Rubén y creo que yo la podría considerar el hilo conductor entre el disco anterior y el nuevo, pero no me dijo nada más. Tiene por ahí un guiño a La Maldita Vecindad.

 

Que no, me pasó lo mismo, ese no es el sonido Tacvbo. Tiene momentos de los 2000, Vive Latino y a la vez no. Es discreta, busca su genialidad en otras cosas, pero no lo logra. Me suena a una de esas canciones que podría perfectamente cantar Leonardo de Lozane y me haría más sentido.

 

Diente de león tiene lo mismo, un sonido ajeno y tampoco me gustó. Vocalmente no propone mucho, tiene como un momento que me evocó The Rocky Horror Show y a la vez regresa a ese sonido Rock en Español, Vive Latino, año 2004. Hacia el final parece retomar un aire Tacvbo pero lo vuelve a perder.

 

Disolviéndonos es, de nuevo, ese mismo sonido del que tanto vengo hablando, cuando el Vive Latino era genial. La guitarra tiene todo el estilacho. Pero la rola no es tan genial, no me gustó, no me movió, no me dijo nada.

 

Celebración, en contenido, es muy Rubén, pero en sonido, nuevamente se aleja de su esencia. No me gustó el principio, cuando rompe de pronto parece agarrar más forma pero mñe, no pasa de ahí.

 

Me quedé con ganas de más, con ganas de su sonido, de sus exploraciones como parte de un mismo todo, no sé, no estoy convencida del todo. Rescato 1-2-3, Enamorada, Me gusta tu manera y Fvtvro.

 

Ahora, alguien podría decirme ¿por qué Un par de lugares, que fue sencillo, no aparece en el disco?