Poesía


Casi con un año de diferencia, partieron dos de mis escritores favoritos. Hoy, un día antes de mi cumpleaños y habiendo dejado un poco abandonado el blog, lamento la muerte del maestro José Saramago.

Les copio un fragmento de ésta nota que encontré:

El escritor portugués José Saramago ha fallecido en la isla de Lanzarote a la edad de 87 años. La muerte se produjo pasadas las 13.00 horas (hora peninsular), cuando el escritor se encontraba en su residencia canaria, acompañado por su mujer y traductora, Pilar del Río. Ahora, le esperan unas exequias que se celebrarán en Lisboa, adonde será trasladado en una fecha aún no determinada por un avión que el Gobierno portugués enviará expresamente a Lanzarote.

José Saramago había pasado una noche tranquila. Tras desayunar con normalidad y haber mantenido una conversación con su esposa, comenzó a sentirse mal y al poco tiempo falleció, según explicó la familia.

Saramago, el primer escritor en lengua portuguesa en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1992, se había reincorporado a la vida pública en 2008, después de sufrir una larga enfermedad respiratoria que ya lo tuvo al borde de la muerte.

Poco más puedo decir. Descanse en paz, José Saramago.

Hoy por la tarde, el escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, dejó éste plano para unirse al Gran Arquitecto.

benedetti

La noticia llegó a mí hace unos minutos y las palabras aún no logran salir adecuadamente. Puedo decir que éste maravilloso hombre, dejó en mí cosas enormes, su pasión por la escritura y la poesía fueron un parteaguas en mi vida y estoy segura que no soy la única. Poco es lo que puedo decir ahora. Les dejo unos pensamientos de Saramago y una nota.

***

El escritor y premio Nobel de Literatura en 1998, José Saramago, lamentó este domingo la muerte del escritor uruguayo Mario Bendetti, de 88 años, y alabó su categoría literaria y humana.

“Siempre quedaba esa ingenuidad que es pensar que lo inevitable se puede posponer, pero no se puede, y cuando llega, como acaba de llegar para Mario Benedetti, es muy duro”.

El escritor portugués afincado en Lanzarote comentó que “todos sabíamos que Mario estaba mal, que con la enfermedad que tenía en cada minuto estaba en riesgo. La ingenuidad no ha sido posible. No hay milagros”, lamentó.

Con la muerte de Benedetti, dijo Saramago, vamos a conocer más de su vida. “Era un carácter humano extraordinario”, enfatizó.

“Hemos perdido y hemos ganado -continuó Saramago- porque están ahí sus libros, que afortunadamente nos sobreviven”.

***

El escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti murió en su domicilio de Montevideo a los 88 años de edad, a once días de haber recibido el alta médica por una enfermedad intestinal crónica.

Galardonado en 1999 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y en 2005 con el Internacional Menéndez Pelayo, Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierda, que le llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos.

Sus poesías fueron cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como “La tregua” (1974) o “Gracias por el fuego” (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.

Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la “generación crítica”, nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo.

Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial.

Todos estos oficios supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.

Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro de poesía, “La víspera indeleble”.

En 1949 Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor.

Así, en una década trepidante publicó obras como “Esta mañana y otros cuentos” (1949), “Poemas de oficina” (1956), “Ida y vuelta” (1958) y “La tregua” (1960).

Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO.

En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973.

En los setenta desarrolló una intensa actividad política, como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición de izquierda que alcanzó el poder en 2005.

Con el golpe militar de 1973 renunció a su cargo universitario y se exilió, primero en Argentina y después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado.

Se instaló en Cuba en 1976 y un año más tarde se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta 1985, cuando, con el fin de la dictadura uruguaya, terminó con doce años de exilio.

Entre las obras de esta época aparecen “Letras del continente mestizo” (1967), “Inventario 70” (1970), “El escritor latinoamericano y la revolución posible” (1974) y “Con y sin nostalgia” (1977).

Su obra teatral “Pedro y el capitán” (1979) fue representada en Madrid en 1981 y un año después aparecieron sus “Cuentos” y la novela “Primavera con una esquina rota”.

En 1984 publicó “Geografías” y “El desexilio y otras conjeturas” y tres años después, tras volver a Uruguay, se convirtió en miembro del Consejo Editor de la revista de izquierda Brecha.

De 1985 data su colaboración con Joan Manuel Serrat en el disco “El sur también existe”.

A partir de entonces su producción es imparable, con títulos como “Despiste y franquezas” (1991), “La borra del café” (1993), “Andamios” (1996) y los poemarios “Mas acá del horizonte” (1997) y “La vida, ese paréntesis” (1998).

En la década siguiente aparecieron “El porvenir de mi pasado” (2003), “Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes” (2004) y los poemarios “El mundo que respira” (2001), “Existir todavía” (2004) y “Vivir adrede” (2007), entre otros.

Benedetti recibió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla Haydee Santamaría del 30 aniversario de la Casa de las Américas en La Habana (1989) y la Medalla Gabriela Mistral del Gobierno chileno (1996).

Además, el premio León Felipe de España a los valores cívicos (1997), el Iberoamericano José Martí y el Internacional italiano de Literatura La Cultura del Mar, ambos en 2001, año en que también fue nombrado “Ciudadano Ilustre de Montevideo”.

El escritor, doctor Honoris Causa por universidades de España, Uruguay y Argentina, enviudó en 2006 de Luz López Alegre, con quien se había casado en 1946.

En 2007 fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda en grado de “generalísimo” por el Gobierno venezolano y en 2008 obtuvo el I Premio ALBA del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas en la categoría de Letras.

Ese mismo año fue hospitalizado en tres ocasiones aquejado de deshidratación por una dolencia intestinal y un cuadro de infección urinaria, lo que no le impidió seguir escribiendo.

En agosto de 2008 presentó “Testigo de uno mismo”, su último poemario, un “resumen” de su carrera.

***

Para él, lo que comenzamos con la cadena de poesía. Un par de poemas de Benedetti también para ustedes, mantengámoslo vivo siempre.

Ay del sueño

Ay del sueño
si sobrevivo es ya borrándome
ya desconfiado y permante
y tantas veces me hundo y sueño
muslo a tu muslo
boca a tu boca
nunca sabré quién sos

ahora que estoy insomne
como un sagrado
y permanezco
quiero morir de siesta
muslo a tu muslo
boca a tu boca
para saber quién sos

Ay del sueño
con esta poca alma a destajo
soñar a nado tiernamente
así me llamen permanezco
muslo a tu muslo
boca a tu boca
quiero quedarme en vos

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

***

Actualización

Me enviaron dos poemas de sus amigos, Eduardo Galeano y Juan Gelman.

MARIO

Por Eduardo Galeano

El dolor se dice callando.
Pero me pregunto:
¿qué será de nuestra ciudad, sola de él?
¿qué será de Montevideo, mutilada de él?
Y me pregunto:
¿qué será de nosotros, sin su bondad inexplicable?

Por Juan Gelman

Es indecible el dolor de su pérdida. Fue poeta, fue novelista, fue ensayista y, sobre todas las cosas, fue un hombre bueno. Nunca se doblegó ante el Poder. Su muerte deja el vacío grande que dejan los grandes. De su obra nacerán otros poetas, como él siempre quiso, y seguirá vivo en el tiempo. El ya no sufre, descansa ya.

Ésto me llegó el día de hoy y por supuesto quise compartirlo con ustedes. Primero, pongo el post del Cuaderno de Saramago

Benedetti
By José Saramago

El susto fue grande, Mario Benedetti estaba en el hospital y su estado era considerado grave. Ángel González se nos fue casi sin aviso, en una fría madrugada de enero. Que ahora la vida de Benedetti estuviera en peligro allá en su distante Montevideo era algo que la preocupación aquí despertada no se resignaba a aceptar. Y, con todo, nada podíamos hacer. ¿Enviar telegramas, a la antigua usanza? ¿Mandar recados a través de algún amigo? ¿Rezar una oración por su pronto restablecimiento, si con eso no fuésemos a provocar la ira laica de Mario? Pilar encontró la solución. ¿Qué era, en verdad, Mario Benedetti, qué había sido él en toda su vida, mucho más que las múltiples profesiones ejercidas? Poeta. Entonces arranquemos sus poemas de la inmovilidad de la página y hagamos con ellos una nube de palabras, de sonidos, de música, que atraviesen el mar atlántico (las palabras, los sonidos, la música de Benedetti) y se detenga, como una orquesta protectora, delante de la ventana que está prohibido abrir, acunándole el sueño y haciéndolo sonreír al despertar. A los médicos algo se les debe, reconozcámoslo, pero nosotros, todos los que alredor del mundo hemos dado nuestra contribución personal, juntando poemas de Benedetti a los poemas de Benedetti, también hemos tenido parte en el trabajo. Mario Benedetti está mejor. Leamos entonces un poema suyo.

Entonces, accedí al link que ahí viene y encontré ésto:

Cadena de poesía por Benedetti

La idea salió de la cabeza primero, de la máquina de Pilar del Río (la mujer de Saramago) después.

Poesía por la salud de Mario Benedetti, que está internado, pasando un momento muy muy difícil.

Es una especie de cadena de oración laica, aunque Benedetti, invoca a Dios en el poema que se envía.

“Vamos a rodear a Benedetti”, dice Pilar en privado.

El mail que circula dice sencillamente:

Mario Benedetti está pasando horas malas. Hemos pensado que podíamos ponernos a leer sus poemas por todo el mundo y así ayudarlo en este momento. Un poema, por si no tenéis algún libro suyo a mano. Y por si queréis pasarlo a otros amigos.

Y adjunta:
HASTA MAÑANA

Voy a cerrar los ojos en voz baja voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte, que es su pobre dueño la voluntad suspende su
latido y yo me siento lejos, tan pequeño que a Dios invoco, pero no le pido nada, con tal de
compartir apenas este universo que hemos conseguido por las malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo que este mundo de muerte
a manos llenas?

Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte, pero el futuro aguarda. Es
un abismo.

No me lo digan cuando me despierte.

Los invito entonces a leer un poema de Benedetti, compartirlo aquí o en el blog, o en ambos. Enviar toda la mejor energía que tenemos y desearle siempre lo mejor a éste gran hombre.

Yo les dejo aquí uno de mis favoritos.

El olvido (Mario Benedetti)

El olvido no es victoria sobre el mal ni sobre nada,
y si es la forma velada de burlarse de la historia,
para eso está la memoria que se abre de par en par,
en busca de algún lugar que devuelva lo perdido;
no olvida quien finge olvido,
sino quien puede olvidar.

Esa luz asoma por mi ventana,
sugiriendo en mi recuerdo, tu llegada;
te acompaña suavemente,
posándote ligero en mi regazo.

Esa luz, tuya y azulada,
nos envuelve con un beso imaginado,
con un sueño tan real que no he soñado;
nos observa,
complacida,
con su encanto.

Esa luz que conocemos tanto,
también llega de mis labios a tu lecho,
nuestra cómplice brillante y fugitiva,
nos transporta y multiplica…
al nombrarla.

Esa luz que algunas veces se guarda,
de los otros… sin detenerse te acompaña,
me acompaña y nos lleva,
aún sin que más ojos
la vean.

Esa luz…
nuestra luz…
esa luz, tu luz.

Fhernanda de la Parra

Éste es un cuento que escribió mi amigo León, aunque no es poesía lo puse bajo esa categoría porque ahorita no tengo otra que se le acerque jajaja. Espero les guste.

 

Caía la noche, y a pesar de la  fría lluvia, una figura solitaria cruzaba un campo de trigo, un solitario guerrero sin otras posesiones terrenas que su espíritu, una vieja capa de lluvia, un ancho sombrero que cubría su rostro y una magnifica espada con empuñadura de bronce, hecha por algún artífice chino de gran maestría, cuyo nombre se perdió con los siglos.

Podían verse extraños árboles sin hojas en el campo, y a lo lejos, por el oeste, una pequeña villa. No pasó mucho tiempo antes de que se percatara que no estaba solo en el trigal, un poco mas allá de los árboles, había un grupo de hombres, ruidosos, despreciables, sucios.

 

El guerrero hizo una mueca de desagrado; seguramente mercenarios o bandidos, pensó. Finalmente llegó al pie de los árboles y descubrió que en realidad eran estacas en las que había cuerpos colgados. Éstos eran campesinos de la villa cercana, que se encontraba asolada por los bandidos que recogían tributo y comida; A quienes se negaban a pagar o no podían, se les torturaba, mataba y finalmente se les colgaba en esas estacas como recordatorio para los demás campesinos.

 

Ninguna expresión pudo notarse en el rostro del guerrero, tal vez vio demasiado sufrimiento en su vida, tal vez no le importaba, en todo caso parecía dispuesto a seguir su camino sin más…

 

Caminaba por el campo cuando de pronto vio a un pequeño niño llorando junto a una de las estacas donde colgaba su madre moribunda, la miró y con su ultimo aliento te lanzó una mirada de suplica en la que podía verse el sufrimiento de toda la humanidad. Por compasión acabó con la vida del pequeño ya que su único destino podría ser el ser vendido como esclavo, como a él le pasó sabe que es peor que la muerte, sabe que esa vida fue la que lo volvió lo que es y no puede permitir que nadie pierda la inocencia así.

 

Uno de los villanos se acerca con la intención de robarle y le dice que debe pagar peaje, mira el cadáver del pequeño y se da cuenta muy tarde que no dudaría en matar; no usa su espada, no vale la pena, pero un hábil movimiento de su muñeca le rompe el brazo. El grito desgarrador de aquel hombre cruza todo el trigal y los demás villanos se dan cuenta de su presencia.

 

Corren velozmente a ayudar a su compañero pero usando su brazo como arma, golpea al primero justo en el cuello rompiéndole la tráquea, los demás atacan llenos de ira y lo rodean. Lanza el brazo de su compañero y esto hace que algunos entren en pánico, otros se enfurecen más. Sin darles tiempo de reaccionar se lanza sobre el más grande y furioso; es hábil y consigue sacar su espada a pesar de la velocidad de su atacante, aún así, el guerrero consigue desviarla sujetando la muñeca del villano y arrebatándole la espada le abre el vientre justo por la mitad. El efecto en el grupo es devastador, los que no se orinan de miedo al verlo vencer a su hombre más fuerte y valiente, lo atacan de manera irracional.

 

Al primero le atraviesa el cráneo con la espada de su compañero, justo cuando un rayo cae detrás de él, saca su espada y sonríe, un segundo relámpago ahora por la derecha y se lanza directamente contra el grupo. Mata a diestra y siniestra a todos los que osaron atacarle. Finalmente detiene su carrera justo frente al que parece el líder del grupo, quien es valiente y se mantiene firme, pero por alguna razón, no consigue moverse para atacar al guerrero, quien se acerca hasta quedar cara a cara y coloca su espada en el cuello del villano, en ese mismo instante un nuevo relámpago, ésta vez, justo enfrente de él que permite ver su rostro y mirarle fijamente a los ojos. El atacante ve dentro de él toda la crueldad y desprecio que el mundo tuvo contra él y ahora es parte de él.

 

Los miembros del grupo dejan de responderle, suelta su espada y cae de rodillas aterrorizado, casi al borde de las lágrimas. El guerrero sencillamente guarda su espada y continúa su camino; los sobrevivientes que no tuvieron valor para atacarle se apartan a su paso, arrastrándose. El líder tarda horas en volver a levantarse; lo que hoy ocurrió, jamás lo abandonará por el resto de sus días, deshecho se retira solo, difícilmente puede detener el temblor de sus manos, cosa que también lo acompaña por el resto de sus días. Vive completamente desmoralizado, mirando sobre su hombro seguro de que el guerrero volverá por él. Finalmente sube a un templo en una montaña, después de rezar muchos días y muchas noches, se lanza desde la cima de la montaña. Seguro que es un destino mejor que el que le espera si vuelve a encontrarse con aquel guerrero.

 

Él, continúa caminando hasta un pequeño bosque en los límites del campo y desaparece en las sombras.

 

León Plata

A todos mis queridos lectores, los invito a leer mis poemas, o más bien algunos de ellos en la página de la comunidad Citla. Pronto seguiré publicando aquí los viejos poemas y también los nuevos, recién salidos del horno.

Camino sin centro,
sin un sentido a cada paso,
no hay suspiros, no hay aire,
camino a ciegas,
dejando todo, nada atrás.

Me siento vacía,
no hay musas,
sin un pasado,
no veo al futuro,
camino sin centro.

No hay luz,
al final no hay luz,
soy yo, conmigo, sin mí,
no hay nada,
camino sin centro.

Tendré que abrir todo,
desmenuzar cada detalle,
concebir, reparar,
encontrar el centro,
caminar, sólo así caminar.

 

Fhernanda de la Parra

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