Entré a estudiar el diplomado de creación literaria de la SOGEM, una decisión que había postergado por años con pretextos que ahora parecen de lo más estúpidos. El año pasado dejé ir una oportunidad hasta que algo me llamó con mucha fuerza y finalmente empecé este año con una nueva aventura.

 

Justo ahora estamos en la mitad del semestre, el primero para mi. Estamos por terminar tres clases, literatura infantil, autobiografía y novela. De todas esas, la que más me emocionaba era la de novela, pues era la oportunidad perfecta para abordar de nuevo un proyecto que llevaba manipulando por años. Aunque no avancé tanto como me hubiera gustado, aprendí mucho y me di cuenta de que lo que tengo funciona y puedo llevarlo a ser lo que siempre soñé.

 

Autobiografía ha sido un descubrimiento de gramática, sintaxis y estilos maravillosos que le han dado un toque diferente a las historias que siempre comparto. Hemos estudiado las autobiografías de los autores latinoamericanos que han ganado un premio Nobel de literatura y aprendiendo de los grandes uno crece a pasos agigantados. Creo que es la clase en la que mejor me he desarrollado, ya lo dirá el tiempo.

 

Pero literatura infantil ha sido el mayor reto para mi. A lo largo del curso fui escribiendo historias que de alguna manera, evocaban lo que había leído alrededor de mis ocho años. Pero a esas historias siempre les falta algo, acción, aventura, algo. Descubrí que soy buena para crear ambientes y las descripciones que hago pueden ser muy bellas. Creo que tengo potencial pero en ese sentido aún me falta un largo camino por recorrer.

 

Hoy, por ejemplo, tuve una revelación fantástica. Tengo una hermana de tres años que además de ser simpática y maravillosa, inventa historias increíbles. Su imaginario es delicioso y cargado de universos tan fantásticos que no pude evitar usar su mente para destapar la mía, empolvada por la adultez. Así que juntas trabajamos en un libro de una historia que ella creó hace ya tiempo.

 

El reto era más que eso, teníamos que crear la maqueta de un libro álbum, un libro que tiene mucho peso en las ilustraciones, las cuales complementan lo que dice con las letras. Pasé siete años estudiando en una escuela de arte, aprendí técnicas diferentes de dibujo, pintura, tallado, perspectivas y proporciones, uf, muchas cosas más. Pero no es lo mismo saber manejar los materiales que tener talento. Todavía hace unos días encontré mis cuadernos de dibujo y pude ver que mi talento para las artes plásticas es casi nulo.

 

Nuestro maestro se dedica a escribir libros para niños. Además, él ilustra sus historias, lo que le da muchas ventajas al momento de llevar a cabo sus ideas. Desde hace varios años me volví fanática del trabajo de Oliver Jeffers, él también ilustra sus historias y tiene un estilo que me atrapa. Así que para ellos, concebir una historia que nace a la par entre letras y dibujos es algo natural, pero para quienes carecemos de esa capacidad puede ser un poco difícil.

 

Y es que sí puedo imaginarme lo que quiero que aparezca en las ilustraciones, si cierro los ojos puedo ver claramente la historia gráfica, pero mis manos no son capaces de traducir lo que hay en mi mente, a pesar de tanta técnica aprendida a lo largo de esos años. El maestro dijo que lo intentáramos, aunque fuera con muñecos de palitos. No tuve más remedio que ponerme a trabajar.

 

Después de una breve asesoría con mi padre, quien también tiene buen talento para dibujar, me aventuré a crear la historia y a tratar de dibujar lo que aparecía en mi mente. Con el apoyo visual de los grandes y un poco de investigación en internet logré hacer mi maqueta que entregaré el lunes para ver si tengo futuro en esto de la literatura infantil. Supongo que será algo parecido a la intención es lo que cuenta, como la idea es lo que cuenta. A final de cuentas, el día que publique mis libros infantiles me juntaré con un buen ilustrador que pueda llevar a cabo las locuras que ocurren en mi cabeza, o quizá sean suficientes las locuras de la suya.

 

Recientemente comenzamos con la clase de filosofía en la literatura, una clase pesada y a la vez divertida que todavía no sé hacia dónde nos va a llevar. He hecho nuevos amigos con los cuales compartir esa pasión por las letras. Es curioso pues es lo que nos une en un inicio y poco a poco nos vamos conociendo para descubrir otras cosas que tenemos en común, como con quienes comparto la Ciencia Ficción o el humor tan particular que me caracteriza.

 

Me he divertido bastante, he aprendido más de lo que me imaginé podía aprender en tan poco tiempo y he mejorado mi forma de escribir y de concebir mis historias. No podría estar más contenta. Creo que es de esas mágicas veces en que tengo la absoluta certeza de estar haciendo lo correcto y me encanta. Así que estaré compartiendo muchas más cosas y seguiré creciendo durante los siguientes tres semestres (mas lo que le queda a este).

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