La verdad mentiría si les dijera lo que sentí cuando conocí a mi primer hermano, el primer afortunado que cambiara mi título de hija única a hermana mayor. Tenía 1 año y 3 meses, las fotos parecen indicar que no me pareció tan gracioso el asunto, pero sí recuerdo que con el tiempo, me preocupé por él, lo emborraché con medicina para que no se enfermara, se convirtió en mi cómplice, compañero, actor y mejor amigo.

Recuerdo perfectamente cuando llegó el siguiente, yo tenía 13 años, habíamos llegado temprano al hospital y su nacimiento tomó más tiempo del que esperábamos, así que estábamos comiendo cuando por fin decidió acompañarnos. Lo amé al instante, lo cargué, cuidé, alimenté, bañé, todo lo que uno tiene que hacer con un bebé. De las primeras cosas que dije es que ya quería verlo caminar, me decían “falta mucho” y está por cumplir 17 años.

Vino en el inter mi sobrina, me tardé unos días en poder cargarla, olerla, abrazarla. También la cuidé, la alimenté, le cambié pañales y toda la cosa. Tenía 22 años cuando llegó, he tenido la fortuna de verla crecer, de enseñarle, de jugar con ella y de admirarla. Cuando la cargué por primera vez, no podía creer que ese pequeño que me hiciera hermana mayor ahora me hiciera tía.

Después llegó mi hermana, tan esperada, esa que siempre quise para tener alguien con quién compartir vestidos y chismear de los novios. Claro que la vida me la trajo un poco más tarde de lo que yo hubiera querido y a mis 27 años, no pude estar presente en su nacimiento. Pero le entregué el cetro de la nena de papá, y ahí anda de un lado al otro con papá, así como yo cuando tenía su edad. La cargué, la cuidé, alimenté, cambié pañales, he jugado con ella y creo que sólo me faltó bañarla, pero todavía hay tiempo para eso. Cuando la vi por primera vez, me derretí completamente.

Y ayer, ayer llegó mi hermano nuevo. Si bien estuve en el hospital cuando nació, no me tocó conocerlo hasta hoy. Es tan pequeño y suavecito. Una vez más me enamoré. Ya lo cargué, ya ayudé a cambiar un pañal, ya lo olí. Tiene una voz tan suave y su llanto no es llanto sino un canto tan hermoso.  Una de las cosas que más me encantan es ver a su hermana mayor derretida, feliz, contemplándolo igual que todos, cuidándolo y compartiendo con él cada una de sus aventuras, sí, en las pocas horas que lleva en casa su vínculo es increíble, platica con él igual que como cuando estaba en la barriga de mamá.

A todos, a todos ellos los contemplé por horas cuando eran bebés. Me he enamorado de cada uno de ellos, recuerdo a la perfección su olor, lo guardo en un rincón muy especial en mi memoria. Y así, soy una hermana mayor orgullosa, feliz, me encanta y a la vez me aterra ser la mayor de toda ésta tropa, pero lo amo. Amo a todos mis hermanos, a todos por igual. Son pequeños regalos de la vida que hacen que mi familia y mi corazón crezcan y me enseñan tantas y tantas cosas que no podría aprender de otra forma mas que siendo hermana mayor.

 

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