El año pasado emprendí un cambio total en mi vida. Cambié de ciudad, de casa, de compañeros de casa y de trabajo (no solo de lugar sino de giro). Y es que me vine a vivir a la “Gran Ciudá”, a vivir con mi amado, a estudiar, a hacer vida nuevamente aquí.

Llegué a vivir a cuadra y media de un lugar muy significativo de mi vida en dos importantes etapas, pues es el lugar que me vio nacer y crecer hasta los 6 años y después me viera vivir la adolescencia y conocer, sin saberlo en ese entonces, al hombre que me acompañará por el resto de mi vida.

La casa, a la cual apodamos “La comuna hippie” se compone de 5 integrantes. Dos pisos más abajo está mi hermano Fherchoso con mi sobrina Fherchosa, la onda es muy parecida a Friends, siendo mi hermano Fherchoso y yo “Los Geller” y nuestras respectivas aventuras y similitudes. En cuanto al trabajo, definitivamente no soy Chef y tampoco trabajo en un restaurante ambientado de los 50’s, pero si debo portar un disfraz cada día para ir a trabajar… metafórico por lo menos.

Tras un mes en la ciudad, buscando empleo por todos lados y con un dead line de 3 meses, decidí expandir los horizontes y buscar algo fuera de mi zona de comfort. Fui a incontables entrevistas vestida de señorita decente (con tacones y toda la onda), para trabajos espantosos que definitivamente me negué a hacer. Probablemente haya gente que sea fan de llamarle a los clientes de tarjetas de crédito para cobrarles, o que por lo menos lo disfrute… No es para mi.

Finalmente, siguiendo mis instintos dije, “Si yo sé arreglar compus, seguramente podré encontrar algún trabajo de soporte técnico de algún tipo” a lo que me mis amigos Fherchosos agregaron, “En inglés”.

Así pues, busqué y busqué hasta que un anuncio en internet me llevó a un lugar en donde pedían inglés, la prepa y párele de contar. Lugar cuyo nombre no mencionaré pero seguramente han visto anunciado por ahí, o conocen alguno parecido que al final es la misma gata pero revolcada.

Tras 7 horas de entrevista, sin poder comer ni fumar, me contrataron. Entré a un entrenamiento pagado durante un mes y me quedé en el trabajo siendo la tercera mejor de mi grupo. Ahora doy soporte técnico de internet para personas que hablan español en Estados Unidos y unos que otros gringos despistados que no distinguen entre el botón 1 de inglés y el 2 de español. Sin contar a las señoras que cuando no entienden qué les pide uno, le ponen al hijo, que se niega a hablar en español con alguien que no sea su mamá.

Anécdotas hay muchas, desde los clásicos mitos urbanos que circulan por los call centers y fuera de ellos, hasta aquellas llamadas que o tomé yo o tomaron los compañeros sentados a mi lado. Tenemos una lista de los nombres más graciosos que nos han tocado, entre llamadas comentamos el punto y día a día nos sorprende más la estupidez humana.

Cada vez que tengo que llamar a algún centro de atención a clientes o de soporte técnico, me pongo en el lugar del pobre sujeto que como yo lleva todo el día tomando llamadas y les tengo paciencia… Aunque también sé que no es tan difícil poner una buena cara (o una buena voz) para atender a los clientes.

Haré un buen post con las mejores anécdotas que me han tocado, genuinas, verídicas. Les dejo una probadita:

Después de 35 minutos de llamada, haciendo pruebas y pruebas de por qué la clienta no podía ver su señal de internet wifi (o como suelen llamarle, el “güaifel”) y habiendo visto que en su cuenta había registrados como 5 modems diferentes, le pregunté a la clienta cuál era la marca y el número de serie del modem nuevo y del modem viejo, a lo que la señora tan amablemente respondió:

“A ver, permítame tantito, es que el viejo ya lo quitamos para devolverlo… pero decía Arris creo, del nuevo ahorita le digo, lo que pasa es de que todavía está en la caja.”

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