Había estado un tanto alejada de todo éste asunto de la influencia, sin embargo, en los últimos días han ocurrido una cantidad de cosas más bien de corte hilarante.

Lo primero es una deliciosa crónica que me ha hecho reír bastante, se las recomiendo.

El regreso a clases tan extraño, junto con reglamentos y medidas específicas entre las que se encuentran, no contacto físico en lo absoluto, no pasar cosas de mano a mano, no compartir comida, utilizar siempre cubrebocas, limpiarse con alcohol en gel y la que sigue es un tanto antiecologista, cuando te laves las manos, te secas con tu toalla de papel y con la misma toalla cierras la llave y luego abres la puerta del baño. Entonces, el tiempo que tardas en sacar la toalla de papel, secarte las manos y regresar a la llave, el agua se tira.

Viviendo en una ciudad calurosa y sobre todo en éste mes, es imposible vivir con un cubrebocas todo el día, los niños, por supuesto, sufren un poco más y finalmente terminan quitándoselo. Los niños más pequeños no entienden eso de que no hay que tocarse. La gente, fuera de las escuelas, por lo menos en la zona donde yo vivo, está tranquila, sigue su vida normalmente y no he visto a ninguno de mis vecinos tomar éstas medidas.

También tenemos una adquisición a la colección de lo absurdo, o diría yo, más bien sui géneris. Han establecido que no se puede vender comida preparada en las escuelas, que todo tiene que ser en envases cerrados y sellados y esas cosas. Lonchibon entonces, ni tardo ni perezoso, creó una línea especial de sandwiches para contingencia, totalmente esterilizados y sellados para que a usted no le pase nada.

La etiqueta garantiza que es seguro y dice algo así como Sandwich para contingencia. Vamos, me explico que si hubiera una inundación terrible y estuvieramos flotando en nuestras casas, tres días sin comer y de pronto ves flotando un sandwich que garantiza que es seguro y está sellado, pues te lo comes felizmente y agradeces a los que se les ocurrió. Pero creo que la medida en ésta ocasión es exagerada.

Y luego, estamos en un país que ya no se toca por miedo a una gripa que no sabemos si es real o inventada, los niños corren a abrazarte hasta que se dan cuenta que no pueden y el cariño y amor está quedando francamente truncado por las medidas de seguridad.

Pienso yo, si hubiera un caso en una escuela, de un niño que se enfermó, pues a ese niño lo tratan y mientras no va a la escuela, lo curan y quizá cuando regrese deba evitar el contacto con sus compañeros, limpiarse las manos y usar cubrebocas. Ya había quedado claro que el cubrebocas no evita que te contagies, entonces ¿para qué hacemos que todos lo lleven?. Los niños o no entienden, o están asustados, para los más pequeños, ver a todo mundo con cubrebocas es muy extraño.

Hay niños que se asustan fácilmente al ver las cosas distintas, que le tienen miedo a los payasos o a las personas disfrazadas, imaginate entonces ver a todo mundo con cosas azules y blancas en la boca.

Y luego, ¿cómo dar una clase de cantar, de tocar la flauta, con cubrebocas?.

México, un país surrealista que ni en las películas podremos ver.

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