Ésta historia que a continuación relataré quedó guardada en el subconsciente Fherchosiano por meses y justo ahora pensé en publicarla nomás por el gusto de hacerlo. La verdad no recuerdo exactamente cuándo fué pero no tiene mayor importancia de tiempo/espacio como de hilaridad por lo menos para mi persona.

Un día, tuvimos una reunión con algunos amigos, después de ello fuimos a tomar un jarochito y finalmente nos dirigimos a casa de hermano fherchoso, pues la prima fherchosa había quedado de pasar por mi para traerme a nuestra ciudad, tan bella ella.

El pollo decidió acompañarnos para conocer la cueva del cuñado y todo lo que hasta aquí pasó no tiene relevancia alguna. Bueno, en el pesero confundí el nombre de la ex novia del pollo con el de otra mujer que tardé varios días en recordar quién era.

Total, llegamos a casa del hermano fherchoso y nos dispusimos a pasar el rato en lo que la prima fherchosa llegaba. Vimos algunos videos, tomamos Coca-Cola, fumamos algunos cigarrillos y de pronto escuchamos nuestros nombres siendo gritados, pues han de saber que la casa del hermano fherchoso no tiene timbre y como está un tanto alejada de la puerta, es difícil hacerse escuchar al llegar.

Ella entró, nos saludamos, pasó al baño y salió con el hermano fherchoso a entregarle unos productos de limpieza que quería regalarle y se encontraban en su cajuela. Ellos salieron mientras yo también pasaba al baño y el pollo me esperaba, para cuando salimos, ya se había hecho entrega de los productos y ella cerró la cajuela, punto esencial de ésta historia.

Prima fherchosa ofreció un aventón a hermano fherchoso que debía hacer un pago en Elektra y al pollo para acercarlo un poco a su civilización, conversamos un buen rato sobre las opciones de cada uno de los aventados y la ruta a seguir. Una vez establecido el protocolo, ella buscó las llaves en su bolsa, no las encontraba y yo pensé, esas cosas siempre pasan, las llaves se esconden en las bolsas de las mujeres y la búsqueda no debe ser visual si no táctil.

Algunos minutos pasaron y las llaves no aparecían, aún habiendo vaciado la bolsa sobre el coche. Yo llegué a pensar que quizá estuvieran en la casa, pero la posibilidad quedó anulada cuando me recordaron que había salido con ellas para abrir la cajuela.

Confirmamos nuestras sospechas, lo peor había ocurrido… Las llaves estaban en la cajuela.

Momento entonces de analizar la situación, los vidrios no eran eléctricos pero los seguros sí y hasta automáticos. La cajuela se abría con botoncito y además tenía puesta la alarma. Prima fherchosa dijo, cristalazo y ya luego vemos pero pollo, hermano fherchoso y fherchosa decidieron intentar acceder al coche con la menor cantidad de daños posibles.

Lo primero, obtener un gancho, abrirlo y estirarlo (sin herramientas), hacer que quedara lo más derecho posible. Lo segundo, tratar de bajar el vidrio empujándolo hacia abajo, lo suficiente para poder:

a) Meter la mano y bajar la ventanilla para poder abrir desde dentro.
b) Meter el gancho y tratar de abrir la puerta, desde dentro, con él.

La ventana parecía ceder, poco a poco, pero parecía prometedor. El esfuerzo de los cuatro sumado, comenzaba a rendir frutos, sin embargo, al soltarlo, volvía a su sitio. Intentamos acceder desde los hules de las puertas y nada, seguimos entonces con la ventana. De pronto, una luz en nuestro túnel, logramos hacer espacio suficiente para que entrara el gancho.

Era momento de hacer las maniobras correspondientes y tratar de abrir la puerta, utilizamos la antena como palanca para retener ese pequeño espacio entre la ventana y el hule de la puerta. Después de un rato obtuvimos otro gancho y a dos ganchos la situación prometía mucho más.

Después de dar los ángulos adecuados y batallar bastante, parecía que estábamos a punto de lograrlo, nos iluminábamos con los celulares para ver el camino de los ganchos, pero algo no estaba bien. Entonces, uno de nosotros se asomó desde la otra ventana para ver qué hacíamos y cómo mejorar la técnica.

A la derecha, a la izquierda, arriba, más abajo, ahí estás, ya casi, ¡Oh, no!, vamos, sí se puede, ¡Ahí!, ya se atoró con el cinturón, más despacito…

Había algo que parecía impedir que lo lográramos, cuando de pronto, nos dimos cuenta de lo inevitable, la palanca no tenía las especificaciones que nosotros pensamos y era más que imposible lograr hacer eso, con ese gancho, en ese ángulo y sin más herramientas.

Intentamos un poco más pero nos dimos por vencidos finalmente, prima fherchosa decidió que era momento del cristalazo. Aún cuando nosotros seguíamos luchando, ella ya estaba parada, a punto de llorar y con el ladrillo en la mano.

Decidimos que lo mejor sería romper la aleta, pues sería menos costoso reponerla. Ofrecimos el ladrillo al hermano fherchoso que tenía muchas furias que desquitar en la vida, se colocó en posición, encaminó toda su furia y…

Primer intento, el vidrio permanecía inmóvil y hasta parecía reírse de nosotros.

Segundo intento, colocamos una protección para la mano, con mi chamarra, pero de cualquier modo, el ladrillo lastima a hermano fherchoso y el vidrio ríe de nuevo.

Tercer intento, seguimos igual y el hermano fherchoso se queja de su herida, desiste.

El pollo entonces entra al quite porque prima fherchosa y fherchosa, sabemos que nosotras no lo lograremos aunque ambas nos sentimos fuertes. Hacemos un ajuste del envoltorio con mi chamarra y el pollo ajusta el ángulo pues es zurdo (sospecho que eso lo ayudó bastante). El auto tiembla y teme. Como dijera Les Luthiers:

Io tremo tanto que non so si tremo canto, tremo tremo, temo canto canto tremo io non so... (escuchala aquí)

No recuerdo los detalles de cada intento pues la adrenalina estaba ya al full y tratábamos de protegernos de los vidrios saltarines, que aunque muy seguros, siempre puede haber uno que corte. Fueron cuatro intentos y el vidrio se hizo, literalmente, añicos. Retiramos los pedazos grandes que quedaron el pollo abrió la puerta. Otra luz en nuestro camino pues todo parecía haber terminado.

Momento entonces de acceder a la cajuela, a pesar de no tener el control, la táctica era remover el respaldo del asiento trasero tan sencillo como lo escribo. Abrimos ambas puertas traseras y la del conductor, puesto que la alarma comenzó a sonar ya abierta la puerta (que no al romper el vidrio). Retiramos vidrios del asiento, nos posicionamos pero… ¡can can can! Uno de los broches tenía llave y el otro no.

Vaya tragedia, pero bueno, quizá quitando el asiento podíamos lograr algo… no fué así. Bueno, quizá metiendo la mano por donde está el broche abierto, podemos encontrar la llaves… la mano no cabía. Mientras prima fherchosa lograba investigar cómo abrir la cajuela sin el control, nosotros maniobrábamos entre los vidrios quedados para encontrar la solución.

Después de una breve deliberación, tras no encontrar la forma de abrir la cajuela y obviamente, sin llaves para abrir el broche, ocurrió entonces la mayor iluminación de la noche. Podíamos quitar la cubierta de la cajuela que se encuentra en la parte interior, lo intentamos, los broches no cedían tan fácil pero finalmente lo logramos. Mientras yo manufacturaba un nuevo gancho para el rastreo y rescate de las llaves, hermano fherchoso logró encontrar un agujero lo suficientemente grande para que cupiera su mano y brazo y por consiguiente, logró localizar las llaves y rescatarlas.

Mucha alegría, felicidad y sonrisas, ¡ya podíamos huir! Ahora, limpieza general de la escena del crimen. A lo largo de las dos horas que nos tomó ésta hazaña, tuvimos muchas miradas de los vecinos que nos veían tan confiados y concentrados que quizá por eso no llamaron a las autoridades. Llegamos a especular si verían nuestra desesperación y por eso asumían que no lo estábamos robando, o nos llamaban “La banda de los güeritos” y nos temían jajaja.

Barrimos, ingeniamos un maravilloso parche para la ventana herida con el diurex que traía la prima fherchosa en su bolsa y que ha resultado bastante útil en otras ocasiones. Hermano fherchoso desistió de ir a Elektra y emprendimos la maravillosa huída hacia nuestro destino caluroso, no sin antes depositar al pollo en el metro más cercano para que pudiera llegar con bien a su hogar.

Y entonces, determino una vez más que de roba coches yo de plano no tengo futuro. Si nos toma dos horas o más abrir un auto, imaginen a la hora de intentar prenderlo. De verdad tengo una nueva admiración para aquellos que lo consiguen en unos segundos.

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