Esa luz asoma por mi ventana,
sugiriendo en mi recuerdo, tu llegada;
te acompaña suavemente,
posándote ligero en mi regazo.

Esa luz, tuya y azulada,
nos envuelve con un beso imaginado,
con un sueño tan real que no he soñado;
nos observa,
complacida,
con su encanto.

Esa luz que conocemos tanto,
también llega de mis labios a tu lecho,
nuestra cómplice brillante y fugitiva,
nos transporta y multiplica…
al nombrarla.

Esa luz que algunas veces se guarda,
de los otros… sin detenerse te acompaña,
me acompaña y nos lleva,
aún sin que más ojos
la vean.

Esa luz…
nuestra luz…
esa luz, tu luz.

Fhernanda de la Parra

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