El otro día noté que había dos estrellas en el cielo, estaban alineadas y extrañamente cerca. Recuerdo que era Thanksgiving day porque un profesor me felicitó al llegar al colegio y las maestras hicieron su convivencia con turkey sandwiches y esas cosas. Días después investigué y resultó que esas dos estrellas eran nada más y nada menos que Júpiter y Venus, que para el primero de diciembre estarían a tan solo 2º de distancia.

Precisamente, ese día, yo esperaba ansiosa la llegada de la silla de mi computadora. Mientras yo estaba en la azotea asombrada ante el fenómeno astronómico y papá fherchoso terminaba su clase de guitarra, la tía fherchosa (quien transportaba la silla en su cajuela), al parecer presa de esos dos planetas traviesos, olvidó las llaves dentro del coche. Como todo buen mexicano fuimos por un gancho de alambre para solucionar el problema.

Cabe mencionar, ¿han notado como los ganchos de alambre se reproducen y enredan misteriosamente?. Yo creo, que existe una especie de limbo, parecido a aquel a donde se van los calcetines que perdemos en la lavadora. En los closets hay un portal misterioso que trae a los ganchos a nuestra dimensión, y si logramos encontrarlo, es posible que encontremos la puerta al de los calcetines. Como en “El extraño mundo de Jack” que hay unos árboles de las festividades, uno junto al otro.

En fin, gancho en mano, con nuestras linternas que no usan pilas (compradas por supuesto en la línea dos del metro de la ciudad de méxico), y mucho valor, emprendimos la tarea de abrir el coche en cuestión. Un vecino fherchoso salió a ayudarnos, nos prestó un desarmador, dos alambres más y su apoyo moral, invaluable y maravilloso, de un vecino de barrio. Yo pensé en la técnica de abrir un vocho pero los coches ya no son como antes y no funcionó.

Todos aportábamos ideas, manos o deteníamos alguna de las linternas. Pasaron algunos minutos sin mucho avance, así que decidimos llamar al mecánico fherchoso, que, gracias a su trabajo, quizá tendría ideas de mayor utilidad. Llegó y analizó la situación, comentó la estrategia y comenzó la labor sustituyendo a tía fherchosa que por supuesto era la que mayor interés tenía en el éxito de la misión, en segundo lugar estaba yo (que ya era hora de que tuviera una silla decente en la cual sentarme frente al monitor por tantas horas).

Al poco tiempo el desarmador de vecino fherchoso colapsó y nos quedamos con el mango, la otra parte quedó atrapada entre el hule y el coche. Mecánico fherchoso fue por otros alambres y un desarmador profesional de esos que si aguantan y no se rompen. Cambiamos la estrategia mientras dos vecinas nos observaban y formaban parte de la conversación.

Vecino fherchoso.- A mi me abrían la camioneta a cada rato, quién sabe cómo le hacen pero yo ni los escuchaba.

Papá fherchoso.- Sí, a mi me robaron mi coche en cinco minutos.

Mecánico fherchoso.- Tienen una habilidad impresionante, lo hacen rápido y en silencio y uno, batallandole.

Un poco de sudor y la batalla seguía, comentarios y cambios de alambre, un breve descanso y cambio de iluminación y parecía teníamos el plan listo. Ahora, solo faltaba encontrar la forma de que funcionara bien.

La conversación seguía con breves indicaciones y mucho entusiasmo de tía fherchosa hasta que por un error y parte de una estrategia de mecánico fherchoso que no terminó de plantear, logramos abrir el coche. Nos llevó poco más de una hora, tres desarmadores (uno que en paz descanse), unas pinzas, un trapo, cinco tipos de alambre, cinco personas, dos vecinas chismosas y mucha gimnasia mental pero lo logramos.

Definitivamente mi carrera no está ahí, me moriría de hambre fácilmente. Habría que saber robar coches caros y esos son más difíciles… creo que mejor sigo con la docencia, la literatura y la música.

Anuncios