La historia comienza en realidad en algún punto entre que abuelo fherchoso compró muchas herramientas y fherchosa se hizo hippie, pero adelantemonos un poco al momento en que fherchosa buscaba una lima para sus aretes en las herramientas de su abuelo.

Encontró todos los pericos, llaves allen y cualquier cantidad de herramientas de todos tamaños, edades y texturas que se puedan imaginar, entre otros una herramienta a la cual llamaremos matraca. Se dedicó a acomodar a las susodichas en las múltiples cajas disponibles. Algunos días después, abuelita fherchosa se robaba el pan de la caja del pan y mamá fherchosa decidió impedir el acceso cerrando con llave, a pesar de enfrentarse con la resistencia de la chapa, finalmente el compartimento de arriba del mueble quedó cerrado. En dicho compartimento se guardan las cosas útiles que uno utiliza como mayonesa, miel, bolsas, medicinas de abuelita fherchosa, pan dulce, una báscula pequeña, dulces y demás.

Llegada la noche, abuelita fherchosa tuvo antojo de tamales. Encargó 50 tamales para todos sus amigos de la fiesta de té incluyendo a Maria Antonieta y su hermanita. Mamá fherchosa y fherchosa fueron rápidamente a la esquina:

Mamá Fherchosa.- ¿Tiene oaxaqueños?

Tamalero.- ¡Uy! Creo que ya nomás me queda uno.

Fherchosa.- ¡Ash!

Mamá Fherchosa.- ¿Quieres de otro?

Fherchosa.- No, si no es oaxqueño no me gusta.

Mamá Fherchosa.- Bueno, entonces deme ese y otro normal.

Tamalero.- Mire, si quedan dos ¿se los doy?

Mamá Fherchosa.- Si y otro normal.

De regreso en casa, abuelita fherchosa quería que todos comieramos tamales y al llegar el momento de darle la medicina, y querer abrir el mueble ¡oh! el mueble no abría, no señor. La llave simplemente dejaba de dar vuelta al llegar al final, cosa que fherchosa pensó en solucionar al estilo del cerrajero y fue por unas pinzas. Es uno de esos momentos en que dices “Creo que ésto no es una buena idea” o como el buen Sergio, “Creo que éste sería un buen momento para traer casco”. Y como debía suceder, fherchosa se quedó con la mitad de la llave en las pinzas y la otra mitad dentro de la chapa.

Mamá fherchosa entró en histeria y pensaba en ir en ése preciso instante a la farmacia a comprar las medicinas de nuevo y al día siguiente traer al cerrajero cuando a fherchosa se le ocurrieron varias ideas:

Fherchosa.- Bueno, si nos vamos a poner fatalistas, entonces ¿por qué no traes la segueta y cortamos lo que queda de chapa?

Mamá Fherchosa.- No vas a acabar nunca.

Fherchosa.- Entonces quitamos los postes de las bisagras, voy por un desarmador más delgado.

(Cuando fherchosa regresó mamá estaba golpeando el desarmador con el martillito, alrededor de la chapa)

Fherchosa.- ¿Qué haces?

Mamá Fherchosa.- No sé.

Entonces a fherchosa fue iluminada con una idea y sugirió utilizar la matraca encontrada días atrás, para quitar la tabla del costado del mueble; de esa forma se liberaría la chapa, se arreglaría y la abuelita tomaría medicinas. La sugerencia, a pesar de tomarse primero como demasiado extravagante, fue aceptada. Para llevarla a cabo hubo que vaciar el compartimento de abajo, encontrar todos los resistidores y guantes de cocina suficientes para todos los invitados de la fiesta de té, encontrar dos sartenes de fluon, acostar el mueble y comenzar a desatornillar.

Mamá Fherchosa.- Pero está pegada la tabla, ¿cómo la vamos a despegar?

Fherchosa.- Nada que papá no me haya enseñado a solucionar, le hacemos palanca con un desarmador.

Y así fue, cuando se habían desatornillado la mitad de los tornillos, fherchosa decidió comenzar con la labor de despegado… aparentemente lo que lo pegaba era mugre porque al momento de insertar el desarmador entre ambas tablas, la puerta cayó al piso y con ella todo lo que contenía el compartimento. Fherchosa ágilmente atrapó los refractarios en el aire y mamá fherchosa pepenó las medicinas y las dió a la abuelita fherchosa.

Después, se atornilló el mueble, se vació lo que todavía quedaba, se enderezó y finalmente se reacomodó el contenido del mueble con sus respectivas depuraciones de “Ésto ya no sirve”, “Ésto le sirve a tu hermano fherchoso”, “¡Ah mira! aquí estaba ésto” y “¿Qué es eso?, no sé, tiralo”. Una vez hecho lo cual, el mueble quedó firme, en su lugar y con espacio de sobra. Así transcurrieron dos horas en la vida de fherchosa, mamá fherchosa y el mueble del comedor.

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