El otro día fui con mi pollo a una placita fresa de Polanco, como abundan. La razón de nuestra visita fue meramente escolar pues el pollo tenía que hacer cinco dibujos. Cuando entramos notamos que en las puertas tienen disfrazados unos detectores de metal. Hay dos entradas como para la banda y una VIP con su propio vigilante, puertas automáticas y una especie de lobby.

Ahí estabamos nosotros felizmente dibujando una fuente cuando noté que un guardia nos veía sospechosamente, digo a mi no me importa que un guardia me vigile porque no he hecho nada pero precisamente porque no hice nada, pues qué me ve ¿no? Conforme avanzabamos fui notando ya una vigilancia hacia nuestras personas más precisa, hasta se hablaban por el radio y se hacían señales a la distancia.

LLegó un momento en que estabamos francamente cercados, hacia cualquier lugar que vieramos, guardia y no podríamos salir corriendo de así quererlo. En total nos siguieron y vigilaron cinco guardias, como si fueramos asesinos, secuestradores y asaltantes. Además, si tienen detectores de metal, ¿qué podríamos traer para hacerle daño a alguien?

Salimos de ahí e inmediatamente nos subimos a un pesero, cruzamos la ciudad y llegamos a coyoacán al mercado de comida y comimos sopes y gorditas. Definitivamente soy más feliz comiendo sopes en coyo que siendo vigilada por unos guardias de seguridad en una plaza fresa de polanco cuyo nombre no diré para no hacer publicidad.

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