Éste es un cuento que escribió mi amigo León, aunque no es poesía lo puse bajo esa categoría porque ahorita no tengo otra que se le acerque jajaja. Espero les guste.

 

Caía la noche, y a pesar de la  fría lluvia, una figura solitaria cruzaba un campo de trigo, un solitario guerrero sin otras posesiones terrenas que su espíritu, una vieja capa de lluvia, un ancho sombrero que cubría su rostro y una magnifica espada con empuñadura de bronce, hecha por algún artífice chino de gran maestría, cuyo nombre se perdió con los siglos.

Podían verse extraños árboles sin hojas en el campo, y a lo lejos, por el oeste, una pequeña villa. No pasó mucho tiempo antes de que se percatara que no estaba solo en el trigal, un poco mas allá de los árboles, había un grupo de hombres, ruidosos, despreciables, sucios.

 

El guerrero hizo una mueca de desagrado; seguramente mercenarios o bandidos, pensó. Finalmente llegó al pie de los árboles y descubrió que en realidad eran estacas en las que había cuerpos colgados. Éstos eran campesinos de la villa cercana, que se encontraba asolada por los bandidos que recogían tributo y comida; A quienes se negaban a pagar o no podían, se les torturaba, mataba y finalmente se les colgaba en esas estacas como recordatorio para los demás campesinos.

 

Ninguna expresión pudo notarse en el rostro del guerrero, tal vez vio demasiado sufrimiento en su vida, tal vez no le importaba, en todo caso parecía dispuesto a seguir su camino sin más…

 

Caminaba por el campo cuando de pronto vio a un pequeño niño llorando junto a una de las estacas donde colgaba su madre moribunda, la miró y con su ultimo aliento te lanzó una mirada de suplica en la que podía verse el sufrimiento de toda la humanidad. Por compasión acabó con la vida del pequeño ya que su único destino podría ser el ser vendido como esclavo, como a él le pasó sabe que es peor que la muerte, sabe que esa vida fue la que lo volvió lo que es y no puede permitir que nadie pierda la inocencia así.

 

Uno de los villanos se acerca con la intención de robarle y le dice que debe pagar peaje, mira el cadáver del pequeño y se da cuenta muy tarde que no dudaría en matar; no usa su espada, no vale la pena, pero un hábil movimiento de su muñeca le rompe el brazo. El grito desgarrador de aquel hombre cruza todo el trigal y los demás villanos se dan cuenta de su presencia.

 

Corren velozmente a ayudar a su compañero pero usando su brazo como arma, golpea al primero justo en el cuello rompiéndole la tráquea, los demás atacan llenos de ira y lo rodean. Lanza el brazo de su compañero y esto hace que algunos entren en pánico, otros se enfurecen más. Sin darles tiempo de reaccionar se lanza sobre el más grande y furioso; es hábil y consigue sacar su espada a pesar de la velocidad de su atacante, aún así, el guerrero consigue desviarla sujetando la muñeca del villano y arrebatándole la espada le abre el vientre justo por la mitad. El efecto en el grupo es devastador, los que no se orinan de miedo al verlo vencer a su hombre más fuerte y valiente, lo atacan de manera irracional.

 

Al primero le atraviesa el cráneo con la espada de su compañero, justo cuando un rayo cae detrás de él, saca su espada y sonríe, un segundo relámpago ahora por la derecha y se lanza directamente contra el grupo. Mata a diestra y siniestra a todos los que osaron atacarle. Finalmente detiene su carrera justo frente al que parece el líder del grupo, quien es valiente y se mantiene firme, pero por alguna razón, no consigue moverse para atacar al guerrero, quien se acerca hasta quedar cara a cara y coloca su espada en el cuello del villano, en ese mismo instante un nuevo relámpago, ésta vez, justo enfrente de él que permite ver su rostro y mirarle fijamente a los ojos. El atacante ve dentro de él toda la crueldad y desprecio que el mundo tuvo contra él y ahora es parte de él.

 

Los miembros del grupo dejan de responderle, suelta su espada y cae de rodillas aterrorizado, casi al borde de las lágrimas. El guerrero sencillamente guarda su espada y continúa su camino; los sobrevivientes que no tuvieron valor para atacarle se apartan a su paso, arrastrándose. El líder tarda horas en volver a levantarse; lo que hoy ocurrió, jamás lo abandonará por el resto de sus días, deshecho se retira solo, difícilmente puede detener el temblor de sus manos, cosa que también lo acompaña por el resto de sus días. Vive completamente desmoralizado, mirando sobre su hombro seguro de que el guerrero volverá por él. Finalmente sube a un templo en una montaña, después de rezar muchos días y muchas noches, se lanza desde la cima de la montaña. Seguro que es un destino mejor que el que le espera si vuelve a encontrarse con aquel guerrero.

 

Él, continúa caminando hasta un pequeño bosque en los límites del campo y desaparece en las sombras.

 

León Plata

Anuncios